Propaganda digital y reclutamiento forzado: el nuevo rostro del Cártel de Sinaloa a un año de su guerra interna
La violencia digital y la manipulación de adolescentes han transformado el panorama criminal, dejando a familias devastadas y autoridades rebasadas.

La guerra interna que estalló en el Cártel de Sinaloa el 9 de septiembre de 2024 ha provocado una ola de violencia en México y transformado las estrategias de reclutamiento forzado del crimen organizado, especialmente hacia menores de edad.
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Desde entonces, el uso de redes sociales y videojuegos para captar adolescentes se ha intensificado, mientras las cifras de homicidios y desapariciones alcanzan niveles alarmantes en Sinaloa y otras entidades.
El conflicto entre los herederos de Joaquín “El Chapo” Guzmán y la facción liderada por Ismael “El Mayo” Zambada convirtió a Sinaloa en el epicentro de una crisis de seguridad.
De acuerdo con el balance publicado por Noroeste, actualmente el estado registró mil 968 homicidios dolosos y mil 942 personas privadas de la libertad, lo que equivale a un promedio diario de 5.4 casos en cada rubro.
Estas cifras reflejan el impacto directo de la disputa interna en el Cártel de Sinaloa, que desbordó la capacidad de respuesta de las autoridades y dejó a la población en una situación de “paz negativa”, como lo señala el Índice de Paz México 2025.
La violencia no solo se manifiesta en los números, sino también en las nuevas formas de captación de jóvenes. Plataformas como Facebook, Instagram, TikTok y chats de videojuegos populares como Free Fire y Call of Duty se han convertido en herramientas clave para los grupos criminales.
A través de perfiles falsos y ofertas de empleo engañosas, los delincuentes atraen a menores con promesas de remuneraciones atractivas, solo para forzarlos a realizar actividades ilícitas que van desde la vigilancia hasta el sicariato.
Factores estructurales como la pobreza, la marginación y la falta de oportunidades laborales agravan la vulnerabilidad de los adolescentes ante estas tácticas.
El caso de Josué Guerrero Espino, conocido como “Cheche”, ilustra la gravedad del fenómeno. Este joven de 17 años desapareció el 30 de abril de 2025 en Ciudad Aldama, Chihuahua, tras recibir una supuesta oferta de trabajo por mensaje.
Durante cuatro meses, su familia lo buscó sin descanso, hasta que un video difundido en redes sociales reveló su situación: Josué, con el cabello rapado, los ojos vendados y las manos atadas.
En el video, confesó haber sido reclutado para trabajar como “punto” —vigilante o “halcón”— y posteriormente privado de la libertad por miembros de la facción “Los Mayos” del Cártel de Sinaloa, antes de ser entregado al Cártel de Juárez.
El 30 de agosto de 2025, su madre, Magaly Espino, confirmó el hallazgo sin vida de su hijo y agradeció el apoyo recibido durante la búsqueda.
Otro episodio reciente involucró a dos adolescentes de 16 años originarios de Jalisco, quienes fueron localizados sin vida en Culiacán, Sinaloa, a mediados de julio de 2025, tras un enfrentamiento entre grupos antagónicos.
Las autoridades de Jalisco informaron que ambos jóvenes habían sido reclutados mediante redes sociales, trasladados a Zacatecas para recibir adiestramiento y luego enviados a la guerra que sostienen “Los Chapitos” y “Los Mayos” en Sinaloa.
El fiscal de Jalisco, Salvador González de los Santos, detalló en ese entonces, que el crimen organizado ha optado por captar jóvenes en el estado y trasladarlos a otras entidades, como Michoacán, Guerrero, Nayarit y Sinaloa, para entrenarlos y sumarlos a sus filas.
González de los Santos explicó que algunos adolescentes liberados han brindado testimonios sobre el proceso de reclutamiento y traslado, lo que ha permitido identificar regiones clave donde operan estas redes.
El fenómeno del reclutamiento forzado de menores se enmarca en un contexto nacional alarmante, según la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), México registra actualmente 133.175 personas desaparecidas y no localizadas.
Jalisco, Sinaloa y Colima encabezan la lista de entidades con mayor número de cuerpos exhumados en los últimos años, coincidiendo con la presencia de los cárteles más poderosos del país: el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa.
Actualmente, el Índice de Paz México 2025 sitúa a Sinaloa en el lugar 22 de 32 entidades, con niveles persistentes de violencia y debilidad institucional, mientras los grupos criminales emplean las desapariciones forzadas como método de control social para infundir miedo y eliminar amenazas a su autoridad.
Frente a este panorama, las autoridades han implementado diversas acciones para combatir el reclutamiento digital.
Omar García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), reconoció en marzo de 2025 que el gobierno federal mantiene un esfuerzo constante para detectar y dar de baja cuentas en internet utilizadas para captar jóvenes.
“Constantemente se están detectando cuentas y constantemente se están dando de baja muchísimas cuentas. Es un trabajo que se hace continuo entre el Centro Nacional de Inteligencia, Fiscalía General de la República, Guardia Nacional, con la división científica que tiene. Las investigaciones continúan cuando son casos reales”, afirmó García Harfuch durante una conferencia matutina.
Estas acciones buscan frenar la expansión de las redes criminales en el entorno digital, aunque los resultados aún no logran revertir la tendencia.
El impacto social de esta crisis se agrava por la situación económica de la juventud mexicana. De los 31 millones de jóvenes entre 15 y 29 años en el país, cerca de 15,9 millones tienen empleo, pero perciben un ingreso promedio de apenas 33,8 pesos por hora, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Esta precariedad facilita que los grupos criminales exploten la vulnerabilidad de los adolescentes, quienes, en su búsqueda de mejores oportunidades, quedan expuestos a los riesgos del reclutamiento forzado y la violencia que asola a regiones como Sinaloa, tal como ha documentado Noroeste.
En este escenario, la falta de alternativas y la marginación social continúan alimentando el ciclo de violencia, dejando a miles de jóvenes atrapados entre la promesa de un futuro mejor y la realidad de un entorno dominado por el crimen organizado.



