Stan Lee: el hombre que soñó superhéroes humanos
Murió el 12 noviembre de 2018, a los 95 años, tras una vida dedicada a la imaginación.

Por más de siete décadas, Stan Lee hizo que millones de lectores creyeran que cualquiera podía ser un héroe. Creador de personajes icónicos como Spider-Man, Iron Man, Hulk, Thor, los X-Men o Black Panther, el escritor y editor neoyorquino transformó el cómic en un espejo de la sociedad y dejó una huella indeleble en la cultura popular.
Los orígenes de un soñador
Stan Lee nació como Stanley Martin Lieber el 28 de diciembre de 1922, en Nueva York, en el seno de una familia judía de inmigrantes rumanos. Su padre, Jack, trabajaba en una fábrica de ropa; su madre, Celia, cuidaba del hogar y alimentaba en su hijo una fe profunda en la justicia y la dignidad. La Gran Depresión golpeó con fuerza a los Lieber, y aquel niño que veía a sus padres luchar cada día juró que algún día escribiría historias donde los débiles también pudieran ser fuertes.
Durante su infancia fue un lector voraz. Amaba las novelas de aventuras y soñaba con ser escritor. A los 17 años consiguió su primer empleo en Timely Comics, una pequeña editorial que más tarde se transformaría en Marvel Comics. Empezó como asistente, repartiendo café y borrando lápices de los dibujantes. Pero pronto comenzó a escribir pequeños diálogos y, en 1941, publicó su primera historia: La venganza del traidor, firmada con el seudónimo que lo haría inmortal: Stan Lee.
La guerra y el regreso
En 1942 se alistó en el ejército estadounidense y fue asignado al Signal Corps, donde escribió manuales y guiones de instrucción junto a figuras como Frank Capra y Dr. Seuss. Terminada la Segunda Guerra Mundial, regresó a Timely y asumió la edición general de la compañía. En 1947 se casó con Joan Boocock, su compañera de vida durante casi siete décadas.
Con el declive de los superhéroes tras la guerra, Lee experimentó con cómics románticos y de humor, aunque sin demasiada pasión. “Soñaba con escribir la gran novela americana”, recordaría más tarde. Sin embargo, el destino lo esperaba entre las viñetas.
El nacimiento del Universo Marvel
A comienzos de los años sesenta, su principal competidor, DC Comics, había lanzado con éxito la Liga de la Justicia. Su editor le pidió a Lee crear un grupo similar. A punto de abandonar la industria, su esposa lo animó a hacerlo “a su manera”. Así, junto al dibujante Jack Kirby, nació Los Cuatro Fantásticos (1961), una familia de héroes con problemas reales, emociones y conflictos personales. El cómic fue un éxito instantáneo y cambió el rumbo de Marvel.
A partir de ahí, la dupla Lee-Kirby creó una constelación de personajes: Hulk, Thor, Iron Man, X-Men, Silver Surfer. Con Steve Ditko, Lee dio vida a Spider-Man, el adolescente común que descubría que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. También surgirían Daredevil y Doctor Strange. Todos ellos compartían un mismo sello: eran poderosos, sí, pero también vulnerables.
El llamado Método Marvel —un proceso colaborativo donde el artista y el guionista desarrollaban juntos la trama— revolucionó la forma de crear cómics. Aunque con los años generó disputas por los créditos, el impacto artístico fue innegable: Lee había humanizado a los superhéroes.
El editor carismático
Durante las décadas siguientes, Stan Lee se convirtió en el rostro visible de Marvel. Desde su columna Stan’s Soapbox, publicada mensualmente, escribía con humor, cercanía y un fuerte sentido ético. Usó esa tribuna para condenar el racismo y el antisemitismo, temas que también se reflejaban en sus historias. Los mutantes de X-Men, perseguidos por ser “diferentes”, fueron su metáfora más poderosa contra la intolerancia.
En 1972 asumió la dirección editorial de Marvel y luego la presidencia. Con la expansión del cine y la televisión, se trasladó a Los Ángeles para llevar a sus personajes a la pantalla. En los años ochenta fundó un estudio de animación y, en los noventa, intentó fusionar los cómics con Internet mediante la empresa Stan Lee Media, que fracasó estrepitosamente. Más tarde, creó POW! Entertainment, dedicada a producir contenidos para cine y televisión.
De las viñetas al cine
El siglo XXI consolidó la visión de Lee. Las adaptaciones cinematográficas de Spider-Man, X-Men, Iron Man o Los Vengadores convirtieron a Marvel en un imperio global. Cuando Disney compró Marvel Entertainment en 2009 por 4.000 millones de dólares, la leyenda ya estaba escrita. Lee, siempre con su característico bigote y sus lentes oscuros, aparecía en breves cameos en cada película, una tradición que los fans esperaban con devoción.
Pese a su fama, nunca se volvió multimillonario. No poseía los derechos de autor de sus creaciones, pero siempre consideró que el verdadero valor estaba en haber inspirado a generaciones enteras.
La identidad y el mensaje
Judío de nacimiento y orgulloso de su herencia, Stan Lee incorporó en sus obras temas de justicia, diversidad y empatía. En los X-Men se reflejaba la lucha contra el prejuicio; en Black Panther, el orgullo de la representación afroamericana. “Si el mundo viviera según la premisa de tratar a los demás con justicia, sería un paraíso”, dijo alguna vez.
Su influencia fue más allá del entretenimiento. En 2008 recibió la Medalla Nacional de las Artes de manos del presidente George W. Bush. En sus últimos años publicó autobiografías y novelas gráficas, y siguió soñando historias incluso cuando la pérdida de visión le impedía leerlas.
El legado de un visionario
Stan Lee murió el 12 de noviembre de 2018, en Los Ángeles, a los 95 años. Dejó atrás un universo de héroes imperfectos que, entre máscaras y capas, hablaban de lo más humano: el miedo, la esperanza y la responsabilidad.
Más que un creador de cómics, fue un narrador del alma moderna. Porque, al final, todos llevamos un poco de superhéroe dentro.



