Pedro Infante, la vida y muerte del Ídolo Inmortal
“Pedro Infante se convirtió en un ícono del pueblo tan popular, que hasta la fecha se le sigue llorando”, señala Rafael Aviña, crítico, guionista e investigador de cine en la Ciudad de México.

“Lo interesante es que era un muchacho sencillo, de pueblo. Le fascinaba estar con la gente. A diferencia de otros actores como Cantinflas o Joaquín Pardavé, que eran personajes más bien hoscos, Pedro era en la vida real igual a los héroes que interpretaba en la pantalla”.
Infante nació en Mazatlán, el 18 de noviembre de 1917. Hijo de un maestro de música, apenas terminó el cuarto grado de primaria antes de ejercer diversos oficios para ayudar a mantener a su familia. Fue padre a los 17, y pese a tener talento para la carpintería, la música pudo más. Su primera esposa lo convenció de que buscaran fortuna en la capital, y en los años 40 empezó a grabar discos para la compañía Peerless. Su voz, tierna y apasionada, se expresó en una variedad de géneros populares, aunque la ranchera fue el estilo que mejor lo representó. «Amorcito corazón», «Cien años», «Maldita sea mi suerte» y «Dicen que soy mujeriego», fueron algunos de sus más grandes éxitos.
“Algunos músicos veteranos que grabaron con Pedro me contaron que tenía una base musical impresionante”, dice el músico José Hernández, fundador del prestigioso Mariachi Sol de México. “Sabía medir su voz muy bien y nunca se salía de la métrica de la música. Hay que recordar que en esa época se grababa en dos o cuatro canales, prácticamente en vivo”.
Después llegó el cine. Su primer papel principal llegó en 1943 con La feria de las flores. Cuando conoció al veterano director, productor y guionista Ismael Rodríguez, Infante encontró al cineasta que lo conectó irreparablemente con el pueblo mexicano. Los dos tenían la misma edad, y Rodríguez maximizó el carisma de Pedro con personajes como el rebelde Agapito Treviño, una especie de Robin Hood mexicano, en Cuando lloran los valientes (1947), y uno de los tres primos peleoneros en el éxito de taquilla Los tres García (1947).
Su inclusión al cine fue muy difícil por la torpeza de sus movimientos y su timidez, situaciones muy lógicas en una persona que no había tenido gran roce social. Hasta que con alguna preparación actuó en La feria de las flores, en el mes de junio de 1942, interpretando canciones de Chucho Monge y Manuel Esperón. La película se estrenó el 16 de enero de 1943 pero no tuvo ningún éxito.
En el documental póstumo Así era Pedro Infante, que Rodríguez dirigió en 1963, vemos al actor como un hombre modesto y generoso, que les cortaba el pelo a sus amigos cuando lo visitaban en su casa, hacía pesas todos los días para mantenerse en forma, y seguía aficionado a la carpintería con la que se ganaba el pan de jovencito.
“Pedro podía ser el personaje que lloraba en la tumba de su abuela, que se emborrachaba, pero seguía siendo cabal y cariñoso”, explica Aviña. “Sin dejar de ser un macho, era un caballero afectuoso, y por eso el público encontraba una manera de involucrarse con este personaje. Había una gran identificación de los estratos populares, porque siempre interpretaba a hombres populacheros».
Pedro Infante “sabía cómo ganarse al público”, recuerda Hernández, del Mariachi Sol, y menciona la cercanía que lograba con el público cuando se presentaba en concierto junto al también actor y cantante, Jorge Negrete.
“Un músico que los acompañaba en el guitarrón me contó que cuando salía Negrete, actuaba como un cantante de ópera y la gente nomás aplaudía, con toda seriedad”, cuenta Hernández. “Cuando salía Pedro, un montón de viejitas en las primeras filas del teatro sacaban platos de tacos y enchiladas que tenían escondidos debajo de sus asientos. Y Pedro tomaba una mordida de cada plato que le traían las viejitas”.
Pero el fervor que causaba y la buena estrella de Infante terminaron entre las 7:30 y las 8:00 de la mañana ese fatídico día de 1957 cuando el avión que copiloteaba Infante despegó sin lograr elevarse lo suficiente, y se estrelló en pleno centro de Mérida.
En 1942 también filmó La razón de la culpa, en la cual tuvieron que doblar su voz ya que interpretaba a un español y su acento norteño no permitía darle credibilidad a su papel; justamente fue el único personaje no mexicano que él interpretó.
Finalmente en Viva mi desgracia logró una actuación excelente y se convirtió inmediatamente en gran estrella del cine. Participó en 45 películas, la última fue Escuela de rateros. Cobraba $400.000.00 por cada película.
Nominado por la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas como mejor actor en 1947 con la película Cuando lloran los valientes, en 1948 por Los tres huastecos, en 1953 por Un rincón cerca del cielo. Finalmente logra el premio de mejor actor por su actuación en la película La vida no vale nada, el 15 de junio de 1956.
Durante las grabaciones de películas no tenía ningún problema en aconsejar a los actores novatos y darle unos cuantos consejillos, como lo hizo durante el rodaje de Escuela de música en donde enseña a las muchachas que interpretaban a los miembros de una orquesta femenina dirigida por Libertad Lamarque, los trucos del play back (seguir una música previamente grabada).
Hizo una gran fortuna, la que quiso compartir con su familia pobre. Construyó una pequeña ciudad en la carretera a Toluca, la Ciudad Infante, en donde albergó un verdadero ejército de parientes. Sus gastos eran exorbitantes, firmando en los años cincuenta cerca de 50 cheques al mes para sus familiares y gastos personales. Su gran debilidad fue entonces el aprender a volar, llegando a tener su propio avión en 1951 y en el cual casi perece en un accidente al año siguiente, cuando viajaba con Lupita Torrentera, uno de sus grandes amores.
Llegó a tener para el año de 1957 una compañía de aviación compuesta por 12 aparatos. En ese mismo año filmó A toda máquina, donde interpretaba a un motociclista acróbata de la Dirección de Tránsito, para lo cual se rehusó a tener un doble, así que aprendió todas las acrobacias para el papel. En una de las escenas se cayó golpeándose en la cabeza, para lo cual llamaron a un doctor, Pedro se levantó diciendo que no era para tanto, que sólo tenía un chichón.
En 1955 hizo su debut en la XEW, en el programa Así es mi tierra, realizando un total de 24 presentaciones, de 12 que había programado inicialmente. Hizo en esta época innumerables giras al interior y al exterior, alcanzando la imagen de ídolo en casi todos los países de habla hispana.
Llegó al Perú para su gira el 8 de enero de 1957 debutando en el Teatro Porvenir, City Hall y Radio Victoria acompañado por los diez mariachis del Perla del Occidente.
En la vida de Pedro hubo tres amores, tres mujeres que fueron todo para él. A las tres amó intensamente y en ningún momento perdió su relación con ellas. En una entrevista Pedro Infante afirmó que su primer amor, y la mujer más importante en su vida, había sido María Luisa León; sólo que la naturaleza no fue benévola con María Luisa, no podría tener hijos; quizá a eso se debe que llamara a Pedro como su «nene, hijo querido»; él le correspondía jugando con ella fingiendo ser un bebé.
El hogar de Pedro y María Luisa se llenó de felicidad en 1947 con la presencia de Dora Luisa, hija de una hermana de Pedro. La chiquitina había sido adoptada por la pareja. Corría por toda la casa iluminándola con su gentil sonrisa, y con su alegría inundaba todos los rincones. La morada de los Infante León se vio de pronto oscurecida por la muerte de Dora Luisa en un infortunado accidente automovilístico.
María Luisa redactó el libro: «Pedro Infante en la intimidad conmigo», hacia 1961. Narra que conoció a Pedro en un baile en Culiacán. Su encuentro fue un «amor a primera vista», la familia de los enamorados no veía con buenos ojos la relación por la diferencia de clases. Entonces huyeron a México y en cuanto Pedro pudo ganar algún dinero, se casaron por lo civil el 19 de julio de 1939; unos días más tarde, por la iglesia en la Catedral de México. En ese tiempo Pedro tenía 23 años y ella 22.
Aunque pobres, vivieron muy felices por espacio de diez años, hasta que un día, alguien desconocido le avisó a María Luisa que Pedro mantenía relaciones secretas con una bailarina llamada Lupita Torrentera, y que existía una niña producto de esas relaciones.
El segundo amor de Pedro fue Lupita Torrentera; aunque no se casaron tuvieron tres hijos: Graciela Margarita, Pedro y Guadalupe, nacidos en 1947, 1950 y 1951, respectivamente.
El tercer gran amor en la vida de Pedro se llamó Irma Dorantes, actriz con la que trabajó en varias de sus películas. Se dice que Pedro fue quien la impulsó en su carrera artística, ya que siempre solicitaba un papel para ella en sus producciones, de tal manera que pasó a convertirse en la actriz que más trabajó a su lado.
Tuvieron una hija, de nombre Irma Infante, quien siguió los pasos de su padre y actualmente se dedica al canto. En 1953, Pedro contrajo matrimonio con Irma Dorantes en la ciudad de Mérida, mismo que fue nulificado tiempo después, ante la demanda que presentó María Luisa por encontrarse ella aún legalmente casada. Irma apeló la decisión, pero el día 9 de abril de 1957, la Suprema Corte de la Nación ratificó como nulo su matrimonio, provocando un gran escándalo en la Prensa Nacional.
Pedro se encontraba en la ciudad de Mérida, y decidió regresar a la ciudad de México para aclarar este asunto. Sin embargo, nunca pudo hacerlo, ya que el 15 de abril de 1957 perdió la vida cuando el avión en el que viajaba se precipitó a tierra.
El día de su muerte, cuando trasladaron el féretro a la ciudad de México, lo esperaba gran multitud de admiradores. Posteriormente, en la iglesia desfilaron ante el cuerpo más de un millón de personas. Una larga procesión acompañó al artista a lo que sería su última morada. Entre llantos, lamentos doloroso, notas tristes del mariachi, dieron el último adiós a este ser, cuya fama grandiosa no transformó el carácter sencillo y simpático que lo caracterizó.
Fue precisamente su manera de ser la que se había robado los corazones de millones de mexicanos a los cuales dejaba destrozados con su partida. Su sepelio fue una manifestación imponente de duelo. Un gran número de mariachis le cantaron en su tumba «Amorcito corazón» para despedirlo. Hasta la fecha, Pedro Infante vive en el corazón de miles de personas que continúan sintiendo con sus canciones un inmenso cariño hacia su recuerdo.
Luego de su muerte, en el Festival de Cine de Berlín ganó el Oso de Oro al mejor actor principal actuando en la película Tizoc, Ismael Rodríguez fue quien recibió el premio en su nombre anunciando que «lamentablemente él no está aquí para recoger este premio debido a que murió en un accidente aéreo» lo cual causó que el auditorio se pusiera de pie guardando un minuto de silencio en su honor.
Su muerte dejó truncados varios proyectos filmográficos al lado de figuras como la francesa Martine Carol y los norteamericanos Marlon Brando y John Derek.
Pedro tuvo dos grandes aficiones: las mujeres y la aviación. Quizás el gusto que sintió por los aviones fue más fuerte, ya que anteriormente había tenido dos accidentes; en uno de ellos le pusieron una lámina de platino, y ni siquiera por los dos accidentes, ni a petición de sus padres: Don Delfino Infante y Doña Refugio Cruz, dejó esta acción.
Diariamente solían sorprenderlo los amaneceres, ya trotando, ya remando, bajo la brisa suave y el aire frío del bosque de Chapultepec. Asimismo, en su gimnasio particular ejercitaba el box y por las tardes paseaba en bicicleta.
Nunca le interesó el dinero, así como lo ganó, lo gastó en motos, carros y aviones. Desafortunadamente este desinterés por las cosas materiales perjudicó después a sus familiares, ya que las regalías de sus películas o discos las han cobrado y siguen cobrando otros.
Tal vez se creyó, que al marcharse Pedro se extinguiría su estrella, pero sigue brillando aún con más intensidad. Todos los días 15 de abril, miles y miles de personas se dan cita en el lote de actores del Panteón Jardín. Hacen acto de presencia en homenaje al ídolo, gentes del interior y fuera del país; sin que nadie los llame, sin que nadie les avise, con su música, mariachi y cantando sus canciones.
La noticia repercutió en toda Latinoamérica. Se dice que varias jovencitas se suicidaron en diversos países. El funeral fue presenciado por la aristocracia del cine mexicano, que nunca logró recuperarse de la pérdida. La edad de oro llegaría a su final definitivo unos años más tarde, y la nostalgia por el pasado tomaría su lugar. No en balde, hasta el día de hoy, Pedro Infante es recordado como “El Inmortal”.
Esa estrella sigue brillando aún con más esplendor a 40 años de su muerte, en sus películas, en sus canciones, en el corazón de los que no pueden trasladarse al lugar donde reposa. En fin, esa estrella brilla aún en el corazón del pueblo México. Es por eso que ya no le llaman «El ídolo del Pueblo», ni «Pedro, El ídolo Alegre», sino «El ídolo Inmortal», Pedro Infante.



