Tlahuelilpan: la tragedia que exhibió el rostro del huachicol en México

A siete años de la explosión en Tlahuelilpan, huachicoleo sigue presente en Hidalgo.

La noche del 18 de enero de 2019 quedó marcada como una de las más dolorosas en la historia reciente de México. En el municipio de Tlahuelilpan, Hidalgo, una fuga de combustible en un ducto de Petróleos Mexicanos (Pemex) derivó en una explosión de grandes dimensiones que cobró la vida de al menos 137 personas y dejó decenas de heridos, muchos de ellos con quemaduras graves.

Horas antes de la tragedia, habitantes de comunidades cercanas acudieron al lugar para recolectar gasolina que brotaba de manera constante del ducto Tuxpan–Tula, perforado de forma clandestina. A pesar de la presencia de fuerzas federales, la multitud permaneció en la zona, atraída por el combustible derramado, sin imaginar el riesgo inminente.

Poco antes de las siete de la noche, una chispa —cuyo origen nunca fue esclarecido oficialmente— provocó una explosión que envolvió el área en una gigantesca bola de fuego. El incendio se propagó de inmediato, alcanzando a decenas de personas que se encontraban alrededor del ducto. La escena fue descrita por testigos como un “infierno”, con cuerpos calcinados y heridos clamando auxilio en medio del caos.

Los hospitales de Hidalgo, el Estado de México y la Ciudad de México se vieron rebasados ante la magnitud de la emergencia. Muchos de los lesionados fallecieron en los días posteriores debido a la gravedad de las quemaduras. El gobierno federal declaró luto nacional y anunció apoyos económicos para las familias de las víctimas.

La explosión de Tlahuelilpan puso en evidencia no solo los riesgos del robo de combustible, conocido como huachicol, sino también las condiciones de pobreza y marginación que empujan a comunidades enteras a participar en estas prácticas peligrosas. Asimismo, abrió un debate sobre la responsabilidad de las autoridades, los protocolos de seguridad y la falta de una reacción más contundente para evitar que la población civil permaneciera en una zona de alto riesgo.

A siete años de distancia, Tlahuelilpan sigue siendo un símbolo de una tragedia evitable, una herida abierta que recuerda el alto costo humano de la ilegalidad, la omisión y la desigualdad social en México.

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