Una victoria más grande que el Super Bowl: Hall y el milagro de respirar
Derick Hall: de un 1% de probabilidades a brillar en el Super Bowl.

Derick Hall deslumbró en el Super Bowl, el escenario más importante de la NFL, al capturar dos veces al quarterback Drake Maye, de los Patriots.
Pero su historia va mucho más allá de las estadísticas: desde que nació, Hall tuvo que superar barreras que parecían insalvables. Los médicos le daban apenas un 1% de posibilidades de sobrevivir.
Hall nació cuatro meses prematuro y con un peso que apenas superaba el kilogramo. Su madre, Stacy Gooden-Crandle, se aferró a salvarlo desde el primer momento, luchando día tras día para que su hijo tuviera una oportunidad de vida.
Mientras el ruido de la celebración vibraba en el Levi’s Stadium y el Trofeo Lombardi pasaba de mano en mano, Hall se tomó un instante para sí mismo. Olvidó las capturas, la presión sobre el quarterback e incluso el marcador. Lo único que ocupaba su mente era la incubadora que había acompañado sus primeros meses de vida, y la voz de su madre recordándole que debía luchar.
“Habiendo tenido uno por ciento de posibilidades de vivir, levantar el Trofeo Lombardi es algo muy especial”, dijo Hall.
En ese momento, se abrazó con su madre, quien le dio una palmada en el hombro mientras ambos lloraban de felicidad.
“Le dije: ‘Mamá, este momento es para ti. Me costó llegar hasta aquí y no habría querido compartirlo con nadie más’”, recordó Hall.
Una madre que nunca se rindió
Stacy Gooden-Crandle fue su heroína anónima. Nunca se perdió un juego desde que Derick jugaba flag football, y siempre lo apoyó incondicionalmente.
“Ella siempre mostró amor y compasión. Nunca se rindió, ni cuando las probabilidades eran mínimas”, dijo Hall.
El 19 de marzo de 2001, los médicos llegaron a cuestionar si debía continuar con el respirador. Stacy no dudó:
“Yo lo miré y supe que mi hijo quería vivir. No iba a firmar ningún papel para dejarlo ir. Le hablé todos los días, le dije que tenía un propósito y que yo había sido elegida para cumplirlo”.
Durante meses, el hospital fue su hogar. Stacy le cantaba, le rezaba y le hablaba de un futuro que nadie más podía imaginar. Derick sobrevivió, respiró sin ayuda, aprendió a hablar, corrió y, con el tiempo, jugó futbol americano.
De pieza clave a campeón del Super Bowl
Seattle lo seleccionó en la segunda ronda del Draft 2023, y aunque no llegó como salvador de la franquicia, Hall fue ganando responsabilidades y confianza hasta convertirse en una figura clave en la final más importante.
En una liga obsesionada con estadísticas, la historia de Derick Hall rompe moldes. No es solo la historia de un campeón del Super Bowl: es la historia de un niño que sobrevivió, de una madre que nunca se rindió y de una vida que, contra todo pronóstico, encontró su lugar bajo las luces más brillantes.
Mientras los Seahawks celebraban el título, Hall seguía respirando. Para él, eso ya era una victoria.



