Jirones de nuestra historia: La Batalla de Puebla

¿Sabía usted que la Batalla de Puebla se transmitió en vivo y en tiempo real?; hecho histórico
Por: José Luis Jaramillo Vela
Entre deudas, usureros y traidores
Después de la Guerra de Reforma que duró tres años, en la que los liberales del Presidente Benito Juárez derrotaron a los conservadores, guerra que dejó una enorme deuda para México, debido a los créditos que el gobierno de Juárez contrató con bancos de España, Inglaterra y Francia para solventar la guerra, ahora los banqueros de estos tres países reclamaban sus pagos; el Presidente Juárez declara bancarrota y moratoria de pagos; los gobiernos de estos tres países se reúnen en Londres, acuerdan invadir a México y repartírselo entre los tres, situación muy grave que preocupó mucho a Juárez.
Benito Juárez no quería pasar a la historia como el Presidente que perdió a México, ya existía el vergonzoso antecedente de Santa Anna, que regaló a Texas a cambio de no ser fusilado y luego la pérdida de la mitad del territorio vendido a Estados Unidos tras perder la guerra; todo ello tenía muy preocupado a Juárez, de quien cuentan las crónicas de su época, no dormía ni comía bien, hecho un manojo de nervios, buscando la solución a tan grave situación.
El día que a Juárez le informan que frente al Puerto de Veracruz ya están las tres flotas navales armadas más poderosas del mundo, sintió que se le salía el alma de su pequeño cuerpo; para colmo de males, le informan también que un grupo de once conservadores encabezados por el General Juan Nepomuceno Almonte (hijo de Morelos), todos ellos traidores a la Patria están en Trieste, Italia ofreciéndole a Máximiliano de Habsburgo el país para que se digne ser el Emperador, según crónicas de la época, ahí Juárez se hundió, se derrumbó, no veía más opciones que perder el país, más de ninguna manera lo entregaría, moriría peleando.
Entonces Melchor Ocampo, brazo derecho y máxima confianza de Juárez le propone negociar con ellos, España e Inglaterra aceptan el plan de pagos propuesto por México y se retiran, pero Francia no acepta, el banquero franco – suizo Jean Baptiste Jecker había prestado 3 millones de dólares a México, una verdadera fortuna; Jecker le propone a Napoleón darle el 30% si le recupera la deuda y Napoleón acepta, aunque su interés real estaba en apoderarse de México, instalar a Maximiliano como Emperador y desde acá planear una invasión a Estados Unidos; por esos tres motivos Francia no aceptó el plan de pagos y decidió invadir a nuestro país.
La situación de México estaba muy comprometida
El Presidente Benito Juárez, ante la gravedad del momento, le pide apoyo al Presidente de Estados Unidos Abraham Lincoln, con quien tenía una extraordinaria relación; Lincoln no puede, pues estaba lidiando con la Guerra Civil estadounidense. México estaba completamente solo frente al poder bélico de Francia y parecía un corderito a punto de ser devorado por un oso; Juárez recurre a sus generales más leales y a la población ante lo que se avecina, lo que parecía ser el colapso de México.
La República contaba con un vasto grupo de generales y militares del más alto nivel, con una lealtad a toda prueba; todos estos generales cerraron filas y se comprometieron con el Presidente Juárez, con la República y con México y encararon la situación con todo el valor que les caracterizaba. Generales de la talla de Sóstenes Rocha, Jesús González Ortega, Porfirio Díaz, Ignacio Zaragoza, Mariano Escobedo, Jerónimo Treviño, Luis Terrazas, Diódoro Corella y cuando menos otros cincuenta heróicos generales que decidieron jugársela con Juárez y por México; todos estos grandes militares agrupados en el Ejército del Norte, Ejército de Oriente, Ejército del Centro y el Ejército de Occidente.
Los franceses por su parte, desembarcan en Veracruz con 45 mil soldados divididos en varias compañías: Ejército Francés con Frederick Fórey al frente; la Legión Extranjera con Francoise Achille Bazain y Gastón Galliffett; la Legión Austro Húngara con Carl von Khevenhüler; los Zuavos con Alfred van der Smissen y otros 25 generales más; también el Ejército Imperial Mexicano con Juan Nepomuceno Almonte, Leonardo Márquez y otros diez generales y tropas, todos ellos traidores a la Patria; al frente y al mando de todos los franceses, el General Charles Ferdinand Latrille, II Conde de Lorencez. Un ejército muy bien entrenado, equipado, alimentado y pagado.
El Presidente Juárez envía al General Ignacio Zaragoza Seguín al mando de su Estado Mayor compuesto por los Generales Porfirio Díaz, Miguel Negrete (abuelo del actor Jorge Negrete), Felipe Berriozábal, Francisco Lamadrid y Santiago Tapia, con un estado de fuerza de 7 mil hombres, que no eran pocos, pero ante los 45 mil de Lorencez se antojaban presa fácil. La orden era cortar el paso a los franceses en Puebla por tres motivos: evitar que entraran a la ciudad, pues además de que era un bastión conservador, ahí les habían prometido a los franceses recibirlos con una lluvia de flores y en tercera, para evitar que llegaran a la Ciudad de México.
La primera batalla de la historia transmitida en vivo, vía cable telegráfico
Tenía muy poco tiempo de haber sido inaugurada la línea telegráfica entre la Ciudad de México y Puebla, en vista de la importancia de esta batalla y de contener el avance de los franceses, al General Jesús González Ortega, Ministro de Guerra y Marina se le viene la idea de establecer una central telegráfica en Palacio Nacional y darle un transmisor portátil que lo llevaría el General Zaragoza en campo, para desde ahí colgarse a la línea telegráfica y transmitir en vivo y en tiempo real los acontecimientos de dicha batalla.
El telégrafo es el ancestro de las telecomunicaciones, es el papá de todos los medios de telecomunicación; por supuesto que en aquella época de 1862 no existían términos como “transmisión en vivo” o “información en tiempo real”, claro que no existían, pero, sin embargo, eso fue exactamente lo que hicieron en esta batalla, se transmitió en vivo y al momento en que sucedían los hechos. La información llegaba a Palacio Nacional entre tres a cinco minutos después de haber sido enviada desde Puebla, por lo que fue una auténtica transmisión en vivo y tiempo real, algo jamás antes visto en ninguna parte del mundo.
En Palacio Nacional el mismo Presidente Juárez y el General González Ortega recibían la información, junto con el Vicepresidente Sebastián Lerdo de Tejada, quien por cada reporte que llegaba salía al balcón de Palacio para notificar a la multitud reunida en el Zócalo, quienes también estaban interesados y prestos para, en caso de ser necesario, defender a su Capital y a su Presidente del acoso extranjero.
Zaragoza parte a su destino; se inicia la épica batalla
El General Ignacio Zaragoza y su gente parten hacia Puebla con cuatro mil hombres (dejó tres mil al resguardo de la Ciudad de México), en San Martín Texmelucan se le unen “Los Tres Juanes” de la Sierra Norte de Puebla, ellos eran Juan Nepomuceno Méndez, Juan Crisóstomo Bonilla y Juan Francisco Lucas; estos tres venían al frente del “Batallón de la Sierra Norte” y del “Batallón de Cazadores”, son dos mil hombres más; Los Tres Juanes le proponen a Zaragoza ser la primera línea de fuego pero necesitan un poco de tiempo para cavar las trincheras, Zaragoza acepta y envía su primer mensaje a Juárez: “Se nos han unido los Tres Juanes de la Sierra Norte, los recibimos con regocijo”.
Para darle tiempo a la gente de los Tres Juanes de cavar sus trincheras, Zaragoza envía al General Francisco Lamadrid y al General Santiago Tapia hacia Acultzingo en los límites de Puebla y Veracruz con la intención de distraer a los franceses y ganar un poco más de tiempo; Lamadrid y Tapia atacan a los franceses al modo de guerra de guerrillas, con ataques sorpresivos y con emboscadas, esto le provocó bastantes bajas a Lorencez, teniendo que tocar la retirada, además ganaron varios días de tiempo. El General Zaragoza envía un segundo reporte a Juárez: “Tuvimos una escaramuza con los franceses en Acultzingo, los Generales Lamadrid y Tapia les causaron severas bajas. Nuestra moral está en alto.”
El día 4 de mayo, Zaragoza envía dos reportes al Presidente Juárez, el primero decía que: “Mis exploradores me informan que Lorencez y su ejército ya están en Atlixco. Estamos prestos a defender Puebla” . En un segundo reporte, Zaragoza le explica al Ministro de Guerra y Marina, General Jesús González Ortega que: “Señor General Ministro, para su Superior conocimiento nuestro estado de fuerza está ya desplegado y dispuesto para la guerra de la siguiente forma: el flanco derecho en relación a nuestro ataque será cubierto por el General Porfirio Díaz Mori y su Sector de Tropas de Oaxaca; en el eje central de la batalla, van el General Felipe Berriozabal Basave y el General Francisco Lamadrid con las tropas de apoyo del Estado de México y San Luis Potosí y una parte de la artillería; en el flanco izquierdo, el General Miguel Negrete Novoa en el Cerro de Acueyametepec al mando de los Fuertes de Loreto y Guadalupe; a la entrada de la ciudad de Puebla, el General Santiago Tapia con el resto de la artillería.”
Todavía en la madrugada del 4 al 5 de mayo, Zaragoza envía un tercer reporte: “Señor Presidente Juárez, le informo que hace unos momentos se nos ha unido el General Alejandro Constante Jiménez con unos dos mil hombres, utilizaré a su caballería en el plan de batalla trazado; el resto quedarán como reserva dentro de la ciudad de Puebla para actuar en caso de que los franceses logren entrar”.
Barruntos de tormenta
El lunes 5 de mayo de 1862 presagiaba tormenta por todos lados, el cielo se veía negro, muy nublado, encapotado por densos nubarrones, caía una persistente lluvia; justo a las nueve y media de la mañana Zaragoza envía su primer reporte a Palacio Nacional: “En este momento son las nueve y media de la mañana, tengo a la vista la vanguardia del ejército invasor y tengo formado a mi campo de acción”, luego una hora y quince minutos más tarde, a las diez y cuarenta y cinco de la mañana otro reporte: “El enemigo está acampado a tres cuartos de la garita de esta ciudad. El cuerpo del ejército está listo para atacar y resistir”; unos minutos más tarde, Zaragoza envía otro reporte: “El grupo de exploradores me informa que han divisado a los Generales mexicanos traidores a la Patria Juan Nepomuceno Almonte, Leonardo Márquez y Tomás O´Horan guiando a Lorencez y los franceses”; tras este mensaje se hizo un largo silencio.
Mientras, en Palacio Nacional el Presidente Benito Juárez, el Ministro de Guerra, General Jesús González Ortega y el Vicepresidente Sebastián Lerdo de Tejada pasaban angustiosos minutos entre cada reporte, y no solo ellos, afuera en el zócalo había miles de mexicanos con la misma angustia y zozobra ya que después de cada reporte, se le informaba a la población.
A las doce del mediodía, otro reporte: “A lo lejos se divisa ya el avance del enemigo, vemos como a su paso son atacados por civiles mexicanos con piedras, palos, machetes y disparos de fusil”; a este mensaje le siguen veintiocho minutos de ominoso silencio, que en Palacio Nacional se tornaban minutos eternos y un silencio desesperante. A las doce con veintiocho minutos, el General Zaragoza reporta: “He ordenado al General Miguel Negrete lanzar un cañonazo de advertencia a los franceses para señalarles el límite, han respondido con otro cañonazo, el fuego se ha abierto, estamos en guerra. Señor Presidente Juárez, la suerte está echada”
En Palacio Nacional se recibe el mensaje, hay preocupación, Juárez envía una respuesta: “Señor General Ignacio Zaragoza, la Patria y la República confían en usted, en su cuerpo de generales y en todos los valientes mexicanos bajo su mando, sabrán defender con honor al país”. A este reporte le siguieron dos horas de angustiosa y sofocante espera, imaginando lo peor. A las dos y media de la tarde Zaragoza reporta: “Estamos peleando bajo intenso aguacero, el Batallón de la Sierra Norte y los Cazadores de Puebla han contenido muy bien el avance de la infantería francesa; el General Porfirio Díaz ha logrado dispersar a la caballería de los Zuavos, los Generales Constante y Tapia van contra ellos”
A las cinco de la tarde llega otro reporte: “La lluvia es intensa, no cesa, el enemigo nos ha arrojado multitud de granadas; unos cuatro mil franceses atacaron a los fuertes de Loreto y Guadalupe, fueron rechazados por el general Miguel Negrete, en este momento sus columnas se repliegan y nuestras fuerzas avanzan sobre ellos”. Este mensaje fue alentador, permitió a Juárez y sus funcionarios abrigar esperanzas de un triunfo.
A las cinco y cuarenta y nueve de la tarde llega el último reporte: “Señor Presidente Juárez, Lorencez ha ordenado la retirada a sus tropas, hemos ganado la batalla. Las armas nacionales se han cubierto de gloria”. En Palacio Nacional había incredulidad, no podían creer el reporte que acababan de recibir; el Presidente Juárez pidió al telegrafista solicitarle al General Zaragoza la confirmación del informe, una vez recibida la confirmación, el júbilo se apoderó no solo de Palacio Nacional, sino de la población en general.
Lo que sucedió en el campo de batalla
Ahora vamos a explicar lo que el General Ignacio Zaragoza le estuvo reportando en tiempo real al Presidente Juárez: a las nueve y media de la mañana le reporta que tiene a la vista a la vanguardia del invasor, estos estaban en labores de exploración esperando al grueso de la tropa, mientras estaban también lidiando con mexicanos que los atacaban con piedras, palos y machetes y uno que otro con fusil; a la llegada de Lorencez y las tropas, desde el Fuerte de Loreto se dispara un cañonazo de advertencia, para señalarles el límite del avance, Lorencez responde con otro cañonazo, esto inicia la batalla; los franceses avanzan pero no ven movimiento de las tropas mexicanas, eso los desconcierta un poco y siguen avanzando, está lloviendo, el terreno es húmedo y la visibilidad se distorsiona; la infantería francesa avanza confiada cuando de manera inesperada emergen del suelo los dos mil soldados del Batallón de la Sierra Norte y el Batallón Cazadores de Puebla, estaban atrincherados a lo largo del frente de batalla, los franceses no se lo esperaban porque no los vieron hasta que les salieron al paso, creando caos y confusión en ellos, iniciándose la batalla cuerpo a cuerpo, apoyados por la artillería.
Mientras eso sucedía, el General Ignacio Zaragoza manda al General Porfirio Díaz y su caballería a rodear todo el contingente francés para atacar por la retaguardia a la caballería del Batallón de los Zuavos, quienes dispersan a su caballería, pero ya Zaragoza había activado a la caballería del General Constante Jiménez, del General Francisco Lamadrid y del General Santiago Tapia para formar un escudo y esperarlos antes de llegar a los Fuertes de Loreto y Guadalupe; el aguacero era intenso, el terreno fangoso y las tácticas del General Zaragoza hicieron mella y causaron desconcierto en Lorencez y sus generales.
El General Miguel Negrete con el apoyo de la infantería del General Alejandro Constante y del General Santiago Tapia evitaron que los franceses tomaran los Fuertes de Loreto y Guadalupe, no solo eso, hicieron retroceder a las columnas francesas. Al verse perdidos, el General traidor a la Patria, Leonardo Márquez, “El Carnicero de Tacubaya” emprende la graciosa huída, siendo perseguido por el General Porfirio Díaz, quien no pudo atraparlo y regresa a la batalla, en ese momento se forma un cuadro épico, digno de quedar plasmado en una obra: el cielo oscurecido por las nubes, está cayendo un torrencial aguacero, cuando de entre las tropas francesas y el humo del estruendo de la artillería, surge a galope tendido, la figura de un Teniente de apellido Palomino con la bandera de Francia en su poder, nadie se explica cómo la obtuvo, pero todos supieron que fue un acto heróico; unos minutos más tarde se escuchan los clarines franceses ordenando toque de retirada, habían perdido la batalla.
Epílogo
La Batalla de Puebla del 5 de mayo de 1862 quedó marcada en la historia de México y en la historia universal, al ser la primera batalla de la historia que fue transmitida en vivo y en tiempo real vía telégrafo, que era lo más avanzado que existía en telecomunicaciones, cuando esta palabra todavía ni siquiera existía; todo ello gracias a la idea del General Jesús González Ortega, apoyado por el Presidente Benito Juárez García, aunque nada habría sido posible sin la colaboración y el compromiso del General de División Ignacio Zaragoza Seguín, quien con la presión encima de enfrentar una guerra contra el invasor, todavía aceptó transmitir por telégrafo en tiempo real, también eso nos indica el grado de confianza y apoyo que recibía de sus generales. Todos los oficiales y mandos que participaron en la Batalla de Puebla fueron ascendidos al grado inmediato superior por el Presidente Benito Juárez, incluidos los caídos en acción de guerra; el General Ignacio Zaragoza fue condecorado por Servicios a la Patria.
Aunque los franceses terminaron por invadir a México e instaurar la monarquía del Segundo Imperio Mexicano de Maximiliano de Habsburgo, pues al año siguiente en 1863 sí lograron tomar la ciudad de Puebla, el valor histórico de haber triunfado en esta batalla, reside en que la victoria le dio al Presidente Benito Juárez el tiempo necesario para organizar su Gobierno Itinerante, llevando y defendiendo a la República a donde sea que él estuviera; de haber sucumbido Juárez ante los franceses, la República y México hubiesen sucumbido con él y nuestra historia como país habría cambiado por completo, ahí reside el valor histórico de esta batalla y de su transmisión en vivo.
Les invito a que se lancen un clavado y se sumerjan en la Historia de México, no se arrepentirán.
Referencias Bibliográficas:
+ sin embargo.mx
+ facebook.com
+ inehrm.gob.mx
+ twinkl.com.mx
+ relatosehistoriasdemexico.mx
+ tv.buap.mx.news
+ fundacionunam.org.mx
+ mexicodesconocido.com.mx
+ facetashistoricas.wordpress.com
+ es.wikipedia.org
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