La irrupción de la IA en el entretenimiento: ¿amenaza o evolución para el cine y la TV?
El avance tecnológico está transformando la industria audiovisual. Un estudio de McKinsey analiza cómo estos cambios impactan los métodos de trabajo, los perfiles profesionales y la distribución de valor dentro del sector.

El informe también plantea desafíos regulatorios y abre la puerta a nuevos escenarios de innovación para creadores y empresas de entretenimiento.
La inteligencia artificial se perfila como uno de los mayores puntos de inflexión para el cine y la televisión en las últimas décadas.
Un informe de McKinsey & Company advierte que su adopción podría alterar de manera profunda los procesos de producción, el mapa laboral y la lógica económica de la industria audiovisual.
Aunque la transformación tiene su epicentro en Estados Unidos, sus efectos ya se proyectan a escala global y podrían consolidarse hacia 2030, dependiendo de factores tecnológicos, regulatorios y contractuales.
El estudio señala que la IA avanza con mayor rapidez en las etapas de desarrollo y posproducción. En la preproducción, las herramientas algorítmicas permiten desglosar guiones, planificar escenas y simular secuencias, con incrementos de productividad estimados entre 5% y 10% en algunos casos. La lógica es clara: anticipar decisiones para reducir costos y ajustes posteriores.
En el rodaje, la integración es más gradual debido a límites técnicos y a cláusulas contractuales que protegen la integridad creativa. Sin embargo, se prevé que la recreación digital de locaciones y personajes pueda acortar tiempos de filmación y optimizar recursos.
La posproducción es, hasta ahora, el terreno más fértil. Edición, doblaje, efectos visuales y localización ya muestran mejoras de eficiencia, especialmente en proyectos de gran escala.
Uno de los ejes centrales del informe es el impacto laboral. La automatización de tareas técnicas y repetitivas podría reducir ciertos puestos tradicionales, mientras emergen nuevos perfiles vinculados a la supervisión de sistemas, análisis de datos y gestión de herramientas de IA.
Sindicatos y agencias han comenzado a negociar cláusulas sobre derechos de imagen, uso de voces digitales y compensaciones por réplicas sintéticas. La discusión no solo es económica, sino también creativa: persisten dudas sobre la autenticidad y la autoría de contenidos generados o intervenidos por algoritmos.
Para parte de la industria, el valor diferencial seguirá radicando en la creatividad humana, especialmente en el segmento de contenidos “premium”. Otros advierten que la sobreoferta derivada de la automatización podría presionar los modelos de negocio tradicionales.
El análisis plantea que la democratización tecnológica podría permitir a estudios independientes competir con mayores herramientas frente a los grandes conglomerados. No obstante, estos últimos aún concentran la mayor parte del gasto en producción y distribución.
McKinsey estima que si las plataformas abiertas captaran un 5% adicional del tiempo de visualización en Estados Unidos, los ingresos tradicionales del cine y la televisión podrían caer en más de 13 mil millones de dólares, parcialmente compensados por nuevos formatos digitales.
En un escenario de adopción masiva, la IA podría influir en alrededor del 20% del gasto en contenido original hacia 2030 y redistribuir decenas de miles de millones de dólares en ingresos anuales.
El uso de materiales protegidos para entrenar modelos de IA ya ha derivado en litigios y debates sobre propiedad intelectual. Estudios y sindicatos demandan reglas claras para evitar el uso no autorizado de imágenes, voces o guiones.
A ello se suman desafíos éticos: sesgos algorítmicos, errores en la generación de contenido y la posibilidad de replicar estereotipos o distorsionar representaciones culturales. El consenso emergente apunta a la necesidad de supervisión humana y marcos regulatorios sólidos.
El informe equipara el impacto potencial de la IA con transformaciones históricas como la transición del teatro al cine o la irrupción del streaming. En esos procesos, los ingresos tradicionales llegaron a caer hasta 35% en los primeros años, antes de estabilizarse bajo nuevos modelos.
La diferencia ahora es la velocidad. La inteligencia artificial no solo modifica herramientas, sino que redefine la relación entre creatividad, tecnología y negocio. La industria audiovisual enfrenta así una etapa de transición en la que innovación, regulación y talento humano determinarán quiénes capitalizan el cambio.



