El CJNG en la capital: cómo el ataque en Reforma redefinió la política de seguridad

El 26 de junio de 2020, minutos después de las 6:30 de la mañana, la rutina en una de las avenidas más emblemáticas de la capital fue interrumpida por una emboscada sin precedentes.
Un grupo armado interceptó el convoy de Omar García Harfuch sobre Paseo de la Reforma, a la altura de Lomas de Chapultepec. De acuerdo con las investigaciones oficiales, más de 400 disparos de armas largas fueron detonados contra las camionetas en las que viajaba el entonces secretario de Seguridad Ciudadana.
El saldo fue inmediato y contundente: dos escoltas del funcionario y una mujer que transitaba por la zona perdieron la vida. García Harfuch resultó herido y fue trasladado a un hospital. Horas más tarde, el propio funcionario informó en redes sociales que el atentado había sido perpetrado por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las organizaciones criminales con mayor expansión en el país.
El ataque marcó un punto de quiebre. No solo evidenció la capacidad logística y operativa del grupo en el corazón político y financiero de México, sino que también desdibujó la percepción de que la Ciudad de México permanecía al margen de las disputas de alto nivel entre cárteles.
Expansión y presencia estratégica
Bajo el liderazgo de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, el CJNG consolidó durante la última década una expansión acelerada en diversas regiones del país. La organización fue vinculada con bloqueos carreteros masivos, enfrentamientos con fuerzas federales y el derribo de un helicóptero militar en 2015, además de múltiples acciones de alto impacto destinadas a demostrar capacidad de fuego y control territorial.
En la capital, sin embargo, la dinámica fue distinta. Analistas en seguridad coinciden en que la presencia del CJNG en la Ciudad de México no se tradujo en dominio territorial abierto, como en algunas zonas de Jalisco o Michoacán, sino en operaciones más discretas: alianzas con células locales, control de puntos de narcomenudeo, rutas logísticas para el trasiego de drogas y esquemas de lavado de dinero en sectores estratégicos.
El giro seis años después
Seis años después del atentado en Reforma, el escenario volvió a modificarse. En febrero de 2026, fuerzas federales abatieron a “El Mencho” durante un operativo en Jalisco, con apoyo de labores de inteligencia. El gobierno federal calificó la acción como uno de los golpes más relevantes contra el crimen organizado en años recientes.
La respuesta no se hizo esperar. En distintos estados se registraron bloqueos carreteros, incendios de vehículos y ataques coordinados contra infraestructura pública. Especialistas advirtieron que la caída del líder no implica la desarticulación automática del grupo, sino un posible proceso de reacomodo interno, con disputas por el control de las estructuras regionales.
De objetivo a operador clave
Tras sobrevivir al atentado de 2020, García Harfuch continuó al frente de la seguridad capitalina y posteriormente asumió responsabilidades a nivel federal. Desde esa posición, ha defendido una estrategia centrada en inteligencia, coordinación interinstitucional y golpes dirigidos a objetivos prioritarios, incluyendo estructuras financieras y logísticas.
El funcionario que fue blanco directo de un ataque del CJNG terminó convertido en uno de los responsables de diseñar la estrategia nacional contra ese mismo grupo criminal, en un giro que simboliza la evolución del conflicto.
La capital como nodo estratégico
Para diversos analistas, la Ciudad de México no constituye un bastión operativo del CJNG, sino un centro neurálgico en términos financieros y logísticos. La disputa en la capital no suele expresarse mediante enfrentamientos abiertos, sino en redes de lavado de dinero, corredores de distribución y alianzas con actores locales.
El atentado en Paseo de la Reforma fue interpretado como una demostración de fuerza. La muerte de su líder, años después, representa otro momento clave en la confrontación entre el Estado y la organización. Sin embargo, la incógnita persiste: quién asumirá el control interno del grupo y cómo impactará esa reconfiguración en la dinámica de seguridad de la Ciudad de México en los próximos años.



