Bessie Coleman: la piloto que superó barreras de género y raza y marcó la historia de la aviación

Fue la primera mujer afroamericana e indígena en pilotear un avión de manera profesional, desafiando al mundo. Nació el 26 de enero de 1892 en Atlanta.

El 15 de junio de 1921, Bessie Coleman inscribió su nombre en la historia al convertirse en la primera mujer afroamericana y la primera indígena estadounidense en obtener una licencia de piloto.

No fue un logro fortuito, sino la culminación de una lucha silenciosa y persistente contra un mundo que le negó oportunidades por su género y por el color de su piel. Allí donde otros vieron límites infranqueables, ella vio cielos abiertos.

Nacida el 26 de enero de 1892 en Atlanta, Texas, Bessie fue la décima de trece hijos de una familia humilde, marcada por la pobreza y la discriminación racial. Desde temprana edad aprendió que la vida exigiría sacrificios, pero también cultivó una determinación poco común. En las escuelas segregadas de Waxahachie, entre aulas modestas y normas restrictivas, comenzó a gestarse un sueño que trascendía su tiempo: volar, y con ello, ser libre.

En 1915, buscando un futuro distinto, se trasladó a Chicago. Allí trabajó como niñera, asistente doméstica y manicura, mientras escuchaba con atención los relatos de los pilotos que regresaban de la Primera Guerra Mundial. Aquellas historias despertaron en ella una vocación irrenunciable. Sin embargo, en Estados Unidos las puertas de la aviación permanecían cerradas para mujeres y, especialmente, para personas negras.

Con el apoyo de Robert S. Abbott, fundador del *Chicago Defender*, y del banquero Jesse Binga, Bessie decidió desafiar las fronteras físicas y sociales. Aprendió francés, escribió a escuelas europeas y se preparó con disciplina para enfrentar el rigor del vuelo. El *Chicago Defender* amplificó su causa, transformando un sueño improbable en una empresa colectiva cargada de esperanza.

En noviembre de 1920 fue aceptada en la Escuela de Aviación de la Federación Aeronáutica Francesa, en Le Crotoy. En Francia, donde el mérito pesaba más que el origen, Bessie encontró el espacio que su país le negó. Allí aprendió a pilotar, a realizar acrobacias y a dominar aeronaves frágiles y exigentes, enfrentando el frío, la altura y el peligro con entereza.

Cuando obtuvo su licencia en junio de 1921, su logro resonó a ambos lados del Atlántico. Bessie Coleman no solo había conquistado el aire; había quebrado un muro simbólico de exclusión. De regreso a Estados Unidos, decidió dedicar su vida a la aviación acrobática, participando en ferias y espectáculos aéreos, donde cada vuelo era un acto de valentía y afirmación.

A pesar de la fama, el país seguía siendo hostil. Las aerolíneas y escuelas de aviación continuaban cerradas para mujeres afroamericanas. Lejos de rendirse, Bessie transformó su visibilidad en una herramienta de lucha. En entrevistas y discursos, alentó a jóvenes afroamericanos a perseguir carreras en la aviación y en las ciencias, convencida de que la exclusión no era un destino, sino un desafío.

Los riesgos que asumía eran enormes. Los aviones carecían de sistemas de seguridad confiables, y cada maniobra podía ser la última. Aun así, su pasión y su compromiso con inspirar a otros la impulsaron a seguir volando.

El 30 de abril de 1926, durante una práctica para un espectáculo aéreo en Jacksonville, Florida, un fallo mecánico provocó el accidente que terminó con su vida. Bessie Coleman murió a los 34 años, dejando inconcluso su anhelo de fundar escuelas de aviación para la comunidad afroamericana. Su pérdida fue profunda y colectiva.

Su funeral, celebrado el 2 de mayo de 1926, reunió a miles de personas. Figuras como Ida B. Wells rindieron homenaje a una mujer cuya vida había desafiado el orden establecido. Desde Jacksonville hasta Chicago, multitudes acompañaron su despedida, reflejo del impacto que su existencia tuvo en su tiempo.

Hoy, Bessie Coleman permanece como símbolo de coraje, dignidad y resistencia. Su nombre vive en becas, escuelas, ceremonias aéreas y en la memoria de quienes ven en ella la prueba de que los sueños más audaces pueden alzarse incluso en los cielos más adversos. Su legado no cayó con su último vuelo: sigue elevándose, generación tras generación.

La licencia de aviación de

 

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