El día que Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, pidió a sus hijos alejarse del narcotráfico y buscar una vida distinta
Dámaso López Serrano, conocido como “El Mini Lic”, relató en su momento un episodio en el que el entonces líder del Cártel de Sinaloa habría intentado persuadir a sus hijos para que se apartaran de esa actividad ilícita, al advertirles sobre los riesgos que implica, donde el desenlace suele ser la cárcel o la muerte.

Joaquín El Chapo Guzmán creció en una familia sin recursos y encontró en el narcotráfico una vía para escapar de la pobreza.
Sin embargo, junto con el dinero y el poder llegaron la traición, la persecución constante, la cárcel y la muerte. Consciente de ese costo, deseaba que sus hijos pudieran llevar una vida distinta, lejos del crimen. Pero ese anhelo nunca se concretó.
En 2008 estalló el conflicto con los Beltrán Leyva, lo que desató una guerra interna que marcó un antes y un después para el Cártel de Sinaloa. Los altos mandos comenzaron a moverse con escoltas permanentes y las masacres se multiplicaron en ambos bandos. Ese mismo año fue asesinado Édgar Guzmán López, hijo de Guzmán, en un centro comercial de Culiacán, hecho que impactó profundamente al capo.
Años después, en entrevista con el periodista especializado en narcotráfico Luis Chaparro, Dámaso López Serrano —hijo de Dámaso López Núñez— relató un episodio que pudo haber cambiado el destino de los hijos de Guzmán. López Núñez, conocido como “El Licenciado”, había sido jefe de custodios en un penal y colaboró en la fuga de Guzmán, convirtiéndose después en uno de sus hombres de mayor confianza.
Según López Serrano, hacia 2013 Guzmán planteó a sus cuatro hijos y a él la posibilidad de entregarse a las autoridades estadounidenses. Argumentaba que ya tenían suficiente dinero, familia e hijos, y que podrían comenzar una nueva vida en Estados Unidos mientras él y su compadre se encargaban de mantener el control en México. La propuesta, descrita como una visión “color de rosa”, sembró por primera vez la idea seria de una entrega negociada con la DEA.
López Serrano explicó que el miedo constante —tanto a enemigos como a autoridades— terminó por agotarlo. En 2017, mientras su padre se encontraba preso en Ciudad Juárez, lo animó a entregarse para buscar un acuerdo con la fiscalía estadounidense. “Ya tienes hijos, piensa en ellos”, le insistía. Finalmente aceptó. Para él, dijo, fue una decisión difícil pero necesaria, una balanza entre riesgos y posibles beneficios.
El “Mini Lic” también relató que mantenía una relación cercana con Édgar Guzmán López y que incluso fue su padrino de bodas. Asegura que la muerte de Édgar marcó profundamente a Guzmán, quien internamente deseaba que sus otros hijos no corrieran la misma suerte y pudieran vivir con tranquilidad, lejos de la violencia que los rodeaba.
En febrero de 2014, Guzmán fue capturado en Mazatlán. La detención debilitó la estructura del Cártel de Sinaloa y generó incertidumbre entre sus hijos: Iván Archivaldo Guzmán Salazar, Jesús Alfredo Guzmán Salazar, Joaquín Guzmán López y Ovidio Guzmán López, conocidos como “Los Chapitos”. Según lo narrado por López Serrano y recogido por la periodista Anabel Hernández, los hermanos temían ser asesinados por los enemigos de su padre y consideraban que habían heredado más problemas que recursos: deudas, adversarios y la responsabilidad de mantener una de las organizaciones criminales más poderosas del mundo.
En una reunión celebrada en un rancho a las afueras de Culiacán, tras la captura de su padre, manifestaron su intención de abandonar el negocio y dejar la operación en manos de Dámaso López Núñez y su hijo. El miedo era evidente: consideraban que continuar implicaba convertirse en blanco directo de los enemigos de Guzmán.
Sin embargo, esos planes no prosperaron. El 11 de julio de 2015, Guzmán protagonizó una nueva fuga, esta vez del penal federal del Altiplano, en el Estado de México. Su libertad fue breve: el 8 de enero de 2016 fue recapturado y, el 19 de enero de 2017, extraditado a Estados Unidos, donde enfrentaría juicio.



